Quien tiene inquietudes literarias nunca debería de dejar de escribir. No consiste en escribir una novela, ni hacer un diario público, escribir es una afición como cualquier otra que no debe de perderse si te hace sentir bien.
El ser humano es sociable por naturaleza y las nuevas tecnologías permiten traspasar todos los límites de épocas pasadas, cuando escribías en una cuartilla, la guardabas en tu cajón de "mis cosas" y la releías al tiempo. Sin embargo, tampoco hay que engañarse, en el vasto mundo de internet hay tanta información que cualquier blog sencillo no deja de ser un cajón como el de antaño, que pasa desapercibido al mundo en general.
Quien busque notoriedad, aceptación o reconocimiento, puede buscarlo a través de la creación de un blog, pero en la mayoría de los casos, si ese es el fin último, termina conduciendo ineludiblemente a la frustración y la sensación de fracaso. Bajo mi punto de vista, un blog no debe de dejar de ser una herramienta abierta, colaborativa y social, no un fin en sí mismo.
Sobre la base de lo anterior, este pequeño espacio propio servirá para ir desgranando ideas, historias, opiniones, siempre abiertas a la opinión ajena que permita enriquecer las formas y los fondos. Qué bonito sería contar con aportaciones orientadas a "yo cambiaría el final a...", "el personaje principal sería mas profundo si..." o "le daría mas agilidad al diálogo mediante..." Fórmulas completamente alejadas de un simple "me gusta" que si bien alimenta el ego, reblandece el ingenio.
Quien tenga por afición escribir tiene herramientas para poder hacerlo con facilidad, pero si además gusta de compartirlo además de poder, debe hacerlo. Nunca se sabe el bien que se puede hacer ni a quien se puede motivar.
Vamos a ello.
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