jueves, 17 de noviembre de 2016

Fragmentos: Luz (I)

Siempre tuvo esa habilidad, cuando me conoció yo era una criatura de la oscuridad, envuelto en mis cómodas tinieblas, donde el mal y el bien no existían simplemente porque lo único posible era lo que me favorecía y lo que me perjudicaba. Pero tuvo que aparecer con su calor y su luz, creaba dependencia. ¡Quién iba a querer vivir de otra manera que no fuera aquélla! Descubrí la felicidad a su lado, aceptando incluso comportarme de forma distinta a aquella que me había supuesto tantos beneficios en el pasado, porque ahora la vida era vida y no batalla constante, la alegría era pura sin sufrimientos y la verdad no era la mayor de las mentiras.

Pero la naturaleza propia permanecía latente, cada vez que se retiraba a cumplir con sus deberes e iluminar a quienes lo necesitaban, incapaz de generar luz o calor propio, me quedaba en nuestro hogar solo, que aunque era un lugar de bien, no podía sino ir enfriándose y perdiendo poder conforme mas tiempo ella pasaba fuera. Y era entonces, al tiempo y a pesar de oponer toda la resistencia posible mi origen renacía, allí donde permanecía acurrucado iba formándose un vórtice de oscuridad que se iba extendiendo lenta pero inexorablemente alrededor haciendo que me sintiera fuerte y seguro en mis oportunidades de conseguir aquello que quisiera sin importarme el cómo, automáticamente empezaba a pensar fórmulas para superar a los que sabía que eran mas poderosos que yo para poder derrocarlos y alcanzar mis objetivos. Si, podría hacerlo, solo tenía que... 

Pero ella entraba por la puerta, su voz angelical borraba cualquier mal pensamiento, la quería como nada en el mundo, sus pasos acercándose por el pasillo iluminaban ya el salón donde antes me acurrucaba, su canturreo me levantaba, de nuevo puro, deseando verla cruzar el umbral de la puerta. Quizás algún día tardara demasiado o el proceso fuera demasiado rápido y no pudiera dominarlo por mucho que lo intentara, no sé si llegaría a hacer algún mal o sería capaz de controlarlo para nunca cruzar la puerta de la casa, pero por mi parte no iba a faltar resistencia, quería la vida que ella me había regalado al compartirla conmigo por encima de todo. A pesar de mi origen, me había convertido fervorosamente en seguidor de sus principios, siempre que su esencia no me faltara.




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