¿Por qué tenemos que aguantar a gente falsa? ¿por qué hay que sufrir los ataques de frustrados, tristes y enajenados? Estoy harto de princesas que cuando no te postras intentan pisotearte por sus medios o con sus sirvientes, sirvientes que sueñan con escalar hasta pisotearlas a ellas. Debería de sentir lástima por sus vidas vacías y sus almas huecas, pero no puedo.
¿Por qué la competitividad es tan necesaria? ¿qué tiene de malo que seamos todos felices con la ayuda de todos? no entiendo por qué quieren que mida mi felicidad a través de una palabra llamada Status. Qué triste... según una clasificación de personas, cuando yo me niego a ser clasificado. Quisieron etiquetarme y me negué gustosamente cuando superé esa fase de la vida donde necesitas imperiosamente sentirte parte de un grupo.
Hoy, adulto, vivo mi camino acompañado, compartiendo vivencias con quien quiere compartirlas sin preocuparme en exceso por quien no quiere hacerlo, intentando ser mejor amigo con quien tengo la sensación de que quiere serlo conmigo y sin preocuparme en exceso del qué dirán y cómo lo dirán. Pero no soy de acero, como a todos me afectan los comentarios, los venenitos vertidos con mala fe que consiguen a veces atormentarme. Pero cuando me enfrento a lo que podría ser mi vida gobernada por esas leyes de hipócritas maneras me doy cuenta de que mi batalla no es ni la mitad de cruenta que la de los que viven en esas vidas de fachada, de selfies retocadas, de necesidad de sentirse especiales y reconocidos sufren cada día desde el alba hasta el ocaso.
Ea, me he quedao agusto.